El acceso al agua segura es un derecho humano fundamental. Sin embargo, a nivel mundial, millones de personas carecen de servicios de agua potable gestionados de manera segura o de saneamiento adecuado. Esta situación afecta de manera desproporcionada a las comunidades más vulnerables, especialmente a los niños y las niñas, y agrava la pobreza en áreas de bajos ingresos.
En muchas regiones, particularmente en las zonas rurales y pobres, el acceso al agua potable y a un saneamiento decente es un desafío significativo. La gente a menudo debe obtener agua de fuentes que podrían estar contaminadas, como ríos o riachuelos. Métodos básicos como hervir el agua no siempre son suficientes para eliminar todos los contaminantes.
El consumo de agua contaminada es una de las principales causas de enfermedades infecciosas. Condiciones como la diarrea, el cólera, la disentería o la fiebre tifoidea están directamente relacionadas con el agua insegura y la falta de saneamiento e higiene. Lamentablemente, cada año, cientos de miles de niños menores de 5 años mueren debido a la diarrea vinculada a la falta de acceso a servicios de agua, saneamiento e higiene seguros. Además, los parásitos intestinales causados por el agua contaminada pueden afectar a millones de niños en edad escolar, perjudicando su desarrollo y aprendizaje pleno.
La falta de acceso a agua y saneamiento no solo afecta la salud, sino que también tiene un impacto directo en la educación de los niños. Los problemas de salud recurrentes hacen que falten a la escuela. Un estudio encontró que estudiantes afectados por enfermedades transmitidas por agua contaminada asistían a clases con mucha menos frecuencia que sus compañeros sanos.
Esta situación es particularmente difícil para las niñas. Las tareas domésticas, como la recolección de agua o la limpieza, a menudo recaen en ellas, impidiendo su asistencia regular a la escuela. Además, la falta de privacidad y de instalaciones sanitarias adecuadas en las escuelas, especialmente durante el período menstrual, puede generar incomodidad y llevar a que las niñas falten a clases o, en el peor de los casos, abandonen la escuela.
Garantizar el acceso a agua segura y saneamiento adecuado es fundamental para proteger la salud de los niños y asegurar su derecho a la educación. Invertir en la seguridad hídrica es invertir en la salud pública, la reducción de la pobreza y la construcción de economías más fuertes y resilientes. Instituciones como el Grupo Banco Mundial trabajan para aumentar el financiamiento y apoyar a los países en la expansión de servicios inclusivos y confiables, fortaleciendo las instituciones y fomentando la innovación para abordar esta crisis global. El acceso a agua limpia y saneamiento libera tiempo, especialmente para las mujeres, permitiendo una mayor participación en la fuerza laboral y mejorando los medios de subsistencia.
Abordar los desafíos en las áreas rurales y de bajos ingresos es crucial para asegurar que todos los niños tengan la oportunidad de crecer sanos, asistir a la escuela y alcanzar su máximo potencial.







